miércoles, 28 de febrero de 2007

27 de febrero de 2007


Riendas totalmente sueltas.


Siempre que las cosas se enderezan, después llegan los problemas porque aparece la masa atroz de uniformes deshechos en trizas acuáticas y melones descabezados por la horma de los zapatos azules que nunca he visto pero dicen que asientan muy bien en el pie derecho.
Siempre he creído que las cosas deben hacerse lo mejor posible para que así todo el mundo pueda mendigar un pedazo de caballo o una pierna asada con ensalada. Rima de maravilla la octava.
Ven y te enseñaré mi habitación llena de muñecas claras y azuladas. Entra, pasa, no tengas miedo. Son de carne y hueso, pero también las tengo de porcelana. Cuando entran los rayos del sol por la ventana, qué maravilla cuando entra todo eso por la ventana. Mis ropas brillan. Mi cara se alegra y me pongo en pie, de un brinco. Y me asomo por la ventana. Y veo los campos que hace días ya están más verdes porque un mendigo se ha dedicado todas las noches a pintarlos con pinceles delgados las briznas más finas y con brochas más gordas las matas. Gracias que has venido a pintar mis campos, mi bendito mendigo. Sólo pides todos los días un nuevo amanecer al sol y un cariño del viento en la mejilla, sólo un ligero soplido. Y después un traguito de agua en la fuente. Nada más y nada menos. Con eso le es suficiente para pintar de verde todos los pastos.
26 de febrero de 2007


Me encuentro bastante mejor anímicamente y el catarro parece que remite.
Estos días tendré menos tiempo para escribir porque estoy con los últimos preparativos.
Una vez que regrese de la aventura, publicaré el diario íntegro basándome en las anotaciones realizadas en Finlandia. También mostraré algunas de las fotos más representativas del viaje.

Todos cuantos vinieron
despejaron nubes y dudas.
Todos menos uno:
el del cuatro.
Mar, sal, agua,
y dardos.
Todos asintieron.
Mezclas de sangre.
Bodas negras.
Brincos y saltos,
y amores,
perdidos en llantos.
Todos firmaron.
Todos callaron.
Algas y patos.

martes, 27 de febrero de 2007

25 de febrero de 2007


Debe estar a punto de cascarse el moden del ordenador. Si revienta del todo quedaré aislado del resto del mundo, como un náufrago perdido en una isla desierta llena de:

Rincones que jamás nadie ha pisado ni visto.
Manantiales de agua pura; refrescantes, cristalinos.
Senderos de animales, muy estrechos.
Frutas que nunca he comido.
Bestias que no atacan ni escapan.
Lechos secos y mullidos para dormir tranquilo, como cuando era un niño.
Miradores de roca.
Murmullo de hojas.
Acantilados.
Y cantos de pájaros.


domingo, 25 de febrero de 2007

24 de febrero de 2007


Es la tercera o cuarta vez que, sin darme cuenta, toco una tecla situada en la parte inferior izquierda y me cargo en un segundo todo el trabajo de varios días o de una hora. Y lo curioso es que si intento hacerlo a propósito no lo consigo.
Bueno, el caso es que estaba diciendo que remite la gripe, pero no mejora mucho mi estado de ánimo debido a condicionantes ajenos a la aventura. Comentaba también en el escrito que se ha ido al carajo, que para subir un poco la moral estoy recurriendo a la página de Andreu Mateu, el muchacho que está a apunto de rematar la travesía del Atlántico a remo, en solitario y sin apoyos externos.
En el justo momento que puse el dedo donde no debía, que no sé dónde es todavía, estaba diciendo que en estos momentos mi familia y José Ramón Meilán también suponen un gran apoyo. José Ramón, con su voz calmada y relajante, puede estar reventando de responsabilidades y dolor, pero en cambio no duda nunca en mostrarse amable o prestar atención. Es quizá la única persona que ha creído más que yo en mis proyectos y los ha valorado cuando, a veces, quien escribe no les encontraba sentido ni justificación. Desde aquí te envío un mensaje de afecto y de agradecimiento.
Y también espero que sanes.

sábado, 24 de febrero de 2007

23 de febrero de 2007


Andreu Mateu llegará pronto a la Isla Martinica, cuando yo esté en plena travesía polar. Hoy le he enviado el siguiente mensaje motivacional, como él les llama:
“Creo que andas buscando la belleza y eso es muy peligroso porque, una vez encontrada, al ser humano sólo le queda esperar a que llegue el dolor, la tristeza y, finalmente, la muerte. El riesgo no está en los peligros del mar (ahogamiento, tifones, tiburones...) sino en el viaje que busca la plenitud interior, justamente porque se puede encontrar, y tú la has encontrado.
Soy Jesús García Juanes, el aventurero que te llamó para leer una cita de un libro (“agua salada”). Recuerda que podríamos realizar algún proyecto juntos: bicicleta, kayak, travesía polar, desiertos, etc.
Rema, rema... Lo eres todo: grumete, capitán y marinero.
Un abrazo muy fuerte”.



jueves, 22 de febrero de 2007

22 de febrero de 2007


He visto en la red un triciclo que podría valer para intentar los 5.000 Km en autonomía absoluta, es decir, cargando en él todo lo que se necesita para enlazar dos puntos que se encuentran separados por esa distancia.
¿Es posible física y matemáticamente? ¿ Con cuántos litros de agua y con cuántas calorías hay que partir del punto A para llegar al punto B sin perder más del 10-15 % de la masa corporal? ¿Con cuántas cámaras y cubiertas?
A 100 Km diarios se necesitarían 50 días para recorrer los 5.000 kilómetros. 50 días por un mínimo de 2 litros de agua al día –incluida la necesaria para cocinar- y un 1 k de comida son 150 kilos de peso, a lo que se debe sumar el resto del equipo, el triciclo y el peso del ciclista, en total unos 260 kilos. No salen las cuentas.
Probemos con 250 Km diarios. 20 días por 2 litros de agua, más... igual a 170 kilos: 40 de agua, 20 de comida, 10 de equipo, 30 de triciclo y 70 del conductor.
¿Se pueden subir y bajar cuestas a una media de 250 Km diarios desplazando un peso total de 170 kilos? No.
¿Y en un circuito llano? Depende. ¿De qué? De muchas cosas. Forma física y mental del ciclista, temperatura ambiental, lesiones, etc. Con calor aumenta el consumo de agua y si se acaba el agua, se acaba también la prueba.
Supongamos que se intenta en un circuito llano. 8 horas para dormir y 4 al día para comer y descansar suman 12 horas. El día tiene 24. Nos quedan 12 para pedalear. 12 por 20 Km a la hora son 240 diarios.
Siguen sin salir las cuentas porque no se puede pedalear a 20 Km por hora durante 12 horas al día arrastrando los primeros días 170 kilos. Habría que comenzar con 200 Km diarios y aumentar gradualmente la media a medida que se reduce el peso de la carga.
¿Es posible después de pedalear 4.700 Km recorrer 300 el último día.
Será cuestión de averiguarlo. Solo necesito un triciclo, 20 días y un circuito.
¿Alguien se apunta a una carrera de 5.000 Km cumpliendo las condiciones acordadas por todos los participantes?
Alucinante. 20 días seguidos administrando trabajo, agua, calorías y estudiando la estrategia en función del comportamiento y el estado físico de los contrincantes. Si se carga mucha comida y poca agua, o viceversa, uno la caga. Si se pedalea demasiado y se suda mucho, el agua se acaba. Si se va demasiado lento y se emplean más días, también se necesitarán más agua y alimentos.
Me río yo de la Fórmula-1.


miércoles, 21 de febrero de 2007

21 de febrero de 2007


Dolor de huesos, mucha tos y cabreo.
20 de febrero de 2007


Dolor de cabeza, estornudos y mocos.
19 de febrero de 2007


Creo que los sobres no funcionan. De seguir así, no recuperaré en los pocos días que faltan para la salida. Ya me imagino la situación: todo el día pedaleando con un catarro mal curado y por la noche un vivac a la intemperie con veintitantos grados bajo cero. Mejor no pensarlo.
Vamos a soltar las riendas de nuevo a ver qué pasa.

Tenía la cara mojada de agua de lluvia. Y todos los niños le miraban porque aquello estaba prohibido en la tribu. Estaba rigurosamente prohibido lavarse la cara con agua de lluvia y enterrar bajo tierra a los muertos. Por eso los funerales se realizaban en el río. Primero iban llegando todos los familiares cercanos y lejanos, después los amigos y también los enemigos. Todos traían algo vivo: gallinas, monos y pequeños cochinos, ofrendas que debían ser entregadas primero para abrir el apetito de los cocodrilos. Posteriormente se arrastraba el cadáver del difunto hasta muy cerca de la orilla, envuelto con grandes hojas de gasai y caraná y atado con delgadas cuerdas de bafú.

Nadie me quiso explicar el porqué de aquella tradición consistente en sustituir el nicho, la pira o el horno crematorio por los afilados dientes y los jugos gástricos de los cocodrilos. Pero tampoco me extrañó demasiado, ya que en algunas zonas del Tíbet hacen el trabajo los buitres.

lunes, 19 de febrero de 2007

18 de febrero de 2007


Continúo tomando sobres para combatir el catarro. Si logro ponerme bien para el martes o el miércoles, seguramente no se verá afectada mi capacidad física en la prueba. Por cierto, las bajas temperaturas están favoreciendo la formación de una buena capa de hielo, lo cual me permitirá empezar la travesía mucho más al sur de lo que tenía pensado, incluso en Turku.
Este invierno ha sido muy extraño en todas partes. Enero ha marcado las temperaturas más altas jamás registradas y febrero las más bajas, por lo menos en Oulu (Finlandia) donde se han registrado cerca de –40º C, según me comenta un amigo.
Continúo dándole vueltas y vueltas al listado definitivo de cosas que tengo que llevar en el maletero de la bicicleta. Escribiré en el reverso de las fotocopias de los mapas para poder prescindir de la libreta. La radio la dejaré en casa por dos razones. La primera es que me roba horas de sueño y debo aprovechar al máximo la noche para el descanso. La segunda es que, al dormir, siempre me hago un lío con los cables de los auriculares y, a veces, se enroscan en el cuello. Además, siempre se queda encendida gastando la pila y ya tendré bastantes cosas rodando en el interior del saco cada vez que dé una vuelta: despertador, calcetines, termo, linterna frontal...
17 de febrero de 2007

He soltado totalmente las riendas, pero he sido incapaz de escribir nada debido a la catarmera. Por eso transcribo textualmente un correo muy gracioso que le han enviado a Andreu Matéu, el pavo que está cruzando el Atlántico a remo, en solitario y sin apoyo externo.

“Hola Tronco. Nosotros saltamos desde lo alto de edificios. Somos dos colegas de Vallecas y nos gusta trepar clandestinamente a los edificios y tirarnos en paracas. Te escribo desde el hospital . El otro día salté desde Torre Madrid y se abrió tarde el paracas. Tengo las dos piernas, 3 costillas y 5 vértebras rotas en añicos. Pero en 12 meses me recupero y sigo saltando. Mi colega está en la planta de abajo. A él lo pillo una antena de la planta 12 y lo abrió en canal como a un pollo alast y le salieron las tripas, el hígado y los riñones. Le han tenido que meter todo para adentro, volverlo a cerrar y coserle con 570 puntos de sutura. Parece el pavo relleno de navidad. Estamos maquinando como subir a la azotea del hospital y tirarnos de allí con una sabana. Bueno colega, pensábamos que éramos de lo mas loco de este país pero vemos que no estamos solos. Animo y suerte”.

domingo, 18 de febrero de 2007

16 de febrero de 2007


Si estás leyendo esto, te recomiendo que lo dejes y entres en http://www.conunparderemos.com/. Te enterarás de lo que vale un peine.
Resulta que un tío bastante más loco que yo –y con más paciencia y sangre fría- está cruzando el atlántico a remo y se encuentra ya en la última etapa del recorrido, tras navegar 77 días. Andreu Mateu está logrando con una barca, un par de remos y “unpardehuevos” la primera travesía española en solitario sin ningún tipo de apoyo externo.
Las condiciones son durísimas. Siempre se está moviendo todo y preparar un café o mear se convierten en una odisea. A ello hay que añadir la absoluta soledad, la humedad y la imposibilidad de abandonar la embarcación, aunque solamente sea unos minutos, para darse un chapuzón. Uno de estos días lo visitó un bicharraco de un tiburón y lo pilló en bragas, es decir, sin la cámara.

sábado, 17 de febrero de 2007

15 de febrero de 2007


A 16 días de la salida, parece que las cosas no marchan muy bien. La muela endodonciada a empezado a doler; tengo los primeros síntomas de un catarro; no es segura la única ayuda económica solicitada para financiar el proyecto, y... un secuestro, sin éxito, pero al fin y al cabo un secuestro que puede incitar a...
Esperemos que no tengan que “remecer” de nuevo en la boca, que el catarro no sea una gripe y que a nadie se le ocurra jugar con las cosas de “volar por los aires”, nunca mejor dicho.

jueves, 15 de febrero de 2007

14 de febrero de 2007


Querido amigo:

Parece que estás muy calladito, lo cual indica que pueden ocurrir varias cosas.
La primera es que no te guste lo que estoy escribiendo porque, tú, una persona tan crítica con las injusticias, pienses que sí se debe luchar para hacer realidad las historias, las ideas y las banderas; no las de trapo, sino las que enarbola al viento la miseria y el harapo.
La segunda, bastante probable, es que mis “pajas mentales”, como las llama Delmi, te dejen indiferente porque no aportan nada nuevo y, encima, a veces, son de mal gusto: “Cabezas de rinoceronte y cuellos de jirafa en rodajas”.
La tercera es que no tengas mucho tiempo para entretenerte con semejantes pasmonadas.

El tiempo es lo que no tiene consistencia, color ni sabor, pero en cambio se escapa entre los dedos de las manos como el agua recogida del caño metálico de una fuente por un anciano.
El tiempo es lo que nunca pasará.
El tiempo es una niña africana recién llegada al mundo que no para de llorar porque antes de nacer ya tenía hambre.
El tiempo no es nada comparado a la sublime belleza de las miradas de una joven pareja enamorada por primera vez.
El hombre del tiempo me dijo que las cosas no se debían comer nunca para llegar a saborearlas realmente. Era un hombre del tiempo muy especial porque tenía tres ojos en la frente.
Uno servía para ver y mirar, el otro para observar y curiosear, y el tercero para grabar y soñar. Cuando llegó la vejez, el tiempo le preguntó cuál de los tres quería perder. Y contestó: “El que uso para ver”. Al cabo del tiempo, volvió a llamar a la puerta el tiempo y le dijo al hombre del tiempo que debía escoger de nuevo. “Llévate el que sirve para observar y curiosear”. Pasó muchísimo tiempo, y el tiempo llamó por última vez a la puerta pidiéndole al hombre del tiempo el ojo de grabar y soñar. Y el hombre del tiempo le entregó su último aliento de vida y el ojo de grabar y soñar, las dos cosas que más quería; sin rechistar. Y para premiar su actitud de resignación y conformidad, el tiempo le regaló para toda la eternidad el ojo más hermoso de cuantos existen: el ojo del aventurero y el viajero; el ojo que sirve para divisar. Para divisar desde un alto del valle montañas nevadas. Para divisar un difuminado oasis desde una duna. Para divisar desde la mirilla del saco de dormir una estrella muy, muy... pero que muy pequeña y muy lejana.








13 de febrero de 2007


La noche era silenciosa, templada y clara.
Todos los lobos se habían sentado en el lugar acordado del bosque y esperararon a que la luna también ocupara exactamente su posición. Cuando ello ocurrió, el más sabio y viejo, dijo:
-De seguir así las cosas, pronto moriremos porque nuestras hembras no serán capaces de criar ni un solo lobezno. Cada año que pasa dan menos leche y algunas ya no entran ni siquiera en celo. Hasta hace poco aún encontrábamos alguna carroña, pero las modernas leyes de los humanos están poniendo en serio peligro el equilibrio natural. Piensan que los hornos son más eficaces que nosotros a la hora de reciclar los cadáveres y, lo único que están consiguiendo, es que nuestras víctimas sean de nuevo las ganaderías y los animales domésticos. Nunca hasta ahora se había visto que las carroñeras se lanzaran a las ovejas. Son ilusos. Creen que los excesos no afectan al propio medio hasta que, casi de repente, nadan o se asan en el interior de sus casas. Solamente los humanos hipotecan su futuro derrochando proporcionalmente a su poder adquisitivo, mientras tararean sin disimulo:



Tengo un coche
con cuatro motores.
Uno sobra para andar.
Con otro se puede matar.
El tercero es para asfixiar
el futuro de mis hijos.
El cuarto para fardar
ante mi chulillo vecino.
Uno sobra para andar.
Los otros para
matar,
asfixiar,
fardar,
y asesinar
hielo, Ozono y osos.


Por más que lo intento, no puedo evitar caer de nuevo en la tentación de las historias utópicas creíbles, las ideas y las banderas. ¡Qué se le va a hacer!

martes, 13 de febrero de 2007

12 de febrero de 2007

Faltan 19 días.
Por fin tengo decidido el listado definitivo de alimentos.
Al levantarme, un café "cappuccino" con 20 gr de azúcar, 24 de mantequilla y 120 de galletas.
Durante el día, un termo de té azucarado, 100 gr de frutos secos y 80 de galletas variadas.
Por la noche, 120 gr de harina para hacer papilla, medio litro de consomé, 24 gr de mantequilla y 150 de queso y embutidos variados (chorizo, jamón, salchichón, etc.).
En total, algo más de 600 gr diarios de peso, equivalente a unas 3.500 calorías diarias, casi 2.000 menos de las que realmente se gastarán, es decir, que se podrían perder hasta 4 o 5 kilos de peso corporal. Habrá que transportar pues, 8-9 kilos de alimentos y 1 kilo de butano-propano, el combustible necesario para obtener un mínimo de 2 litros diarios de agua a partir de la nieve o el hielo. Los 5-6 kilos restantes del equipo están formados por el saco de dormir, la esterilla, las dos fundas vivac, la ropa, los utensilios de cocina, la cámara de fotos, el GPS, el frontal, las pilas, las herramientas y los repuestos de la bicicleta, entre otras muchas cosas.

lunes, 12 de febrero de 2007

11 de febrero de 2007

Hoy me toca descansar, así que seré breve.

En el espeso bosque de miles y miles de piernas esbeltas de mujeres, casi no se veía el cielo y no funcionaban las brújulas ni los gepeeses; pero había mucha luz. En él pasé trescientos días deambulando sin rumbo fijo, pero nunca tuve calor ni frío, no pasé hambre ni sed, al caminar no me cansé y, por las noches, me quedé siempre plácidamente dormido, como un niño, sobre la hierba seca y fresca. En el bosque de piernas esbeltas de mujeres nunca tuve dolores, ni temores, ni pesadillas, ni miedo a los roedores al dormir desnudo. En el bosque había puentes fáciles para cruzar los ríos, liebres, lobos blancos, flores, frutos y muchos armiños.

domingo, 11 de febrero de 2007

10 de febrero de 2007

Al decirle aquello se le relajaron los esfínteres y, poco a poco, abrió la mano y me dejó caer. Se le pusieron los ojos inflados como globos y la baba paró de ser anaranjada y azulada para convertirse en la gelatina más repugnante que uno pueda imaginar.
-Del bosque de esbeltas piernas de mujeres, ya hablaremos.
Yo sabía perfectamente que no había logrado desviar su atención, independientemente de haber desatado instintos primarios del monstruo, a juzgar por sus reacciones bioquímicas.
-¿Viste o no los cerditos?
-¿Qué cerditos?
-No te hagas el tonto. Ayer hablaste de la fábrica de Danuttts y de los cerditos, o es que ya no te acuerdas.
-No he visto cerditos por ninguna parte. Simplemente los mencioné porque creo que si hay una fábrica que fabrique porquerías, también tendrá que haber cerditos para consumirlas. Aunque primero hay que enseñarles a comer, hay que engancharlos o “bezalos”, como se dice en mi querida tierra manchega llena de gigantes. Y no hay mejor máquina “bezacochos” que la televisión, el “maseiro” perfecto donde, una a una, han acabado comiendo y sorbiendo muchas tribus hasta quedar totalmente estiradas. Primero nos echaron en la cuadra cosas más o menos útiles que tenían alguna función (comida, ropa, calzado...); después empezaron a buscarle los tres pies al gato (cepillos de dientes eléctricos, coches llenos de cámaras, tractores que andan solos, móviles...); y, finalmente, se dieron cuenta que lo importante era el gato, y que, con tanto “progreso”, cada vez estábamos más estresados y solos, así que comenzaron a ofrecer o fabricar:
comidas y calzoncillos con bragueta para perros,
clínicas de la tercera edad para iguanas,
tiendas de cosmética para peces ecuatoriales que nadan en peceras cuadradas climatizadas e insonorizadas contra la movida nocturna que ya empieza los miércoles por la tarde,
casas de citas para pájaros,
parques de atracciones con montañas rusas para hámsteres previo pago de un abono mensual domiciliado,
agencias matrimoniales para buscarle pareja a los caimanes,
clínicas para castrar toda clase de bichitos,
restaurantes caros para degustar pinturas en el plato y un sinfín de copas con espumas volátiles; y también para diferenciarnos de la chusma que gasta coches de alta gama y todoterrenos caros.
Llegado a este punto, el monstruo me hizo callar y me reprochó que el día anterior yo había dicho:
“Para mí ya no tienen ningún sentido las historias creíbles, ni las banderas, ni las grandes ideas”.
Vamos, que tarde o temprano tendré que hacer un viaje a través del enigmático bosque de miles y miles de esbeltas piernas de mujeres.

sábado, 10 de febrero de 2007

9 de febrero de 2007


Faltan 22 días. Y después, ¿qué?
Ya veremos, aunque reconozco que estoy echando mucho de menos el kayak y el agua, y las culturas que viven y dependen de ella, asomadas a los balcones de la costa, estiradas a lo largo de los ríos, abrazadas a todo el perímetro de los lagos.
Para mí ya no tienen ningún sentido las historias creíbles, ni las banderas, ni las grandes ideas.

Siempre he deseado comerme un gran bollo hecho de harina de bellotas, las que nunca han catado los cerditos de la fábrica de los Danuttts. Esa fábrica amarilla con puertas estrechas dónde únicamente entran varias veces al día huevos condensados y unas pocas fichas amarillas. Sí, fichas amarillas con siete números y cuatro fotos de presidentes norteamericanos.
Allá vamos todos con nuestras fundas herméticas de plástico. A lo más profundo de la cochina existencia. Nos tendremos que poner también las gafas, bien ceñidas para que la mierda no se nos meta en los ojos.
No sé exactamente cuántos días pasé en aquel bosque formado por miles y miles de esbeltas piernas de mujeres plantadas a la altura del tobillo.
Pero sigamos con la fábrica y los cerditos.
Una noche logré colarme por una puerta estrecha que estaba entreabierta. Había muy poca luz en el largo pasillo que desembocaba directamente en una olla gigantesca. La masa era de lo más horripilante. Cabezas de rinoceronte, cuellos de jirafa en rodajas, miel de la Granja de San Calixto, truchas voladoras, uñas de dedos humanos, ciempiés, tomates, acelgas, verduras de todas las clases, ramilletes de rosas, canela, plumas de sauce, amapolas, palomas, hormigas, ratones, miles de avellanas peladas y arañas. Todo ello hirviendo y humeando; y las cabezas aún vivas de los rinocerontes y de las arañas, mordiéndose y tosiendo al entrarles por la garganta todo aquel revuelto.
Salí de allí horrorizado y vomitando. Pero, en la mitad del pasillo, se abrió una puerta lateral y apareció el cocinero con un enorme garrote y el cuchillo.
Un ser verdaderamente feo y maloliente. El encargado de guardar la fórmula secreta de los Danuttts. Y yo había estado fisgando. Tenía los ojos inyectados de savia amarilla y los dedos de las manos enlazados con una telilla para remover mejor el asqueroso contenido que hervía en la marmita. No se quemaba porque pertenecía a la sexta generación de cocineros y estaba adaptado.
Soltó el garrote y me cogió del cuello sin apretar demasiado. Después me levantó del suelo lentamente con la espalda pegada a la pared quedando suspendido de la mandíbula. Le olía la boca a una mezcla de ajo, nicotina y eucalipto; se ve que fumaba el tío y, tras la ultima cruzada televisiva, le daba vergüenza y quería ocultar el vicio. Y se bababa encima echando una especie de naranjada que a veces salía medio azulada mientras me tenía el cuchillo puesto en el cuello a un milímetro. En fin, que me estaba poniendo hecho una mierda.
-¿Qué has visto?
-Cabezas de rinoceronte, cuellos de jirafa en rodajas, miel de la Granja...
-¿Y qué más?
-Truchas voladoras, uñas de dedos humanos, ciempiés...
-Continúa.
-Ramilletes de rosas, canela, plumas de sauce...
-Sigue.
-Ratones y miles de avellanas peladas y arañas.
-Entonces conoces la fórmula secreta de los Danuttts.
-Si señor, me la sé. Pero también sé donde está el bosque de miles y miles de esbeltas piernas de mujer. Si me dejas escapar te lo diré.

viernes, 9 de febrero de 2007

8 de febrero de 2007


XMarra:

De pequeño, -¡no ha llovido nada desde aquella!- en el Instituto Masculino de Lugo, se me daba mal la Química...
Y las Matemáticas, y el Latín, y el Francés, y casi todo porque las técnicas pedagógicas eran prehistóricas. Además, tampoco recuerdo si se pueden mezclar el clorato potásico y el ácido sulfúrico ¿Es cloruro o clorato? Pillín, pillín; me da que sabes muy bien lo que te traes entre manos.
Sea como fuere, me parece desaconsejable hacer mixtura alguna con las dos sustancias, debido a sus connotaciones abrasivas, eruptivas y efervescentes; y a sus nombres tildados y acústicamente tan fuertes y contundentes. Por eso tú también vaticinas que la mezcla puede ser explosiva.
Y, aunque lo fuera, ¿qué?
En las explosiones de vida –todo lo contrario a las bombas mortíferas- siempre se genera y se libera una gran cantidad de energía positiva, justamente lo que le hace falta al Hombre Muerto de nuestro tiempo.
Hace ya muchos años que la Música, por poner uno de los ejemplos más representativos, es aburrida, insulsa, repetitiva, y “plana” como el encefalograma del que ya hablé uno de esos días. Solamente de vez en cuando surgen algunas cosas interesantes, microerupciones que rápidamente se apagan en el océano de la vulgaridad, el marketing, el engaño y la falta de compromiso o calidad.
La única manera de averiguar si una mezcla va a reaccionar bien o mal, es probando, igual que lo hacíamos de niños con aquellos juegos de química que nos regalaron nuestros papás. Bueno, la verdad es que a mí nunca me regalaron nada de eso; qué más quisiera yo. Aquella caja tan bonita era un regalo de ricos, creo que del hijo del farmacéutico del barrio. El caso es que daba gusto abrirla por primera vez y ver todos los frascos perfectamente ordenados con sus etiquetas, unos con líquidos y otros con polvos de colores ; en fin, todo listo para jugar con las mezclas.
La gracia de mixturar en aquellos tubos de ensayo y en aquellas probetas radicaba justamente en no saber qué iba a pasar, porque casi nunca seguíamos las instrucciones de las fórmulas a propósito. Y, claro, siempre la liábamos. Unas veces porque la cosa empezaba a hervir, otras a emitir una fumata tósica –nos hacía toser- y, las menos, ¡¡flooooooooo!!, “ós ollos e ós fuciños”.
Bueno, rapaz, como puedes comprobar, algo tendremos que arriesgar. Si se produce una reacción inesperada tampoco pasa nada, aunque lo veo improbable porque, exceptuando los fenómenos naturales, las cosas nuevas, originales e imprevisibles empiezan a escasear, y si no pregúntaselo a muchos artistas.
Por si acaso, ten preparada la cámara, no vaya a ser que te pierdas unos lindos fuegos de artificio.

jueves, 8 de febrero de 2007

7 de febrero de 2007


El último entrenamiento ha sido duro: una media de 120 Km diarios con el 60 % de la carga que deberé mover en Finlandia y, además, subiendo y bajando los puertos de Pedrafita do Cebreiro y O Poio. He tomado buena nota y estas son algunas de las conclusiones más importantes extraídas en los dos días y medio que ha durado la prueba:

1.Mucho ojo con los pies.
Algunos ciclistas profesionales se quejan de que, incluso en pleno verano, bajando los puertos, no sienten los pies. Y ello se debe a que el movimiento que se realiza con el pedaleo, no produce el calor mínimo de confort, cosa que sí se da al caminar, pues los pies deben soportar todo el peso corporal.
¿Qué ocurrirá entonces en zonas polares, donde las temperaturas diurnas pueden descender incluso de los –40 º C? Se correrá riesgo grave de congelación, ya que el calzado caliente es siempre excesivamenete voluminoso e inadecuado para pedalear doce horas al día y, por lo tanto, no se podrá usar. No queda pues más remedio que adoptar una solución intermedia, sacrificando un poco la capacidad aislante del calzado, por una parte, y sus cualidades mecánicas por otra. He escogido unas Salomon bastante calientes que se usan para trabajar en las pistas de esquí (-20 ºC), de suela flexible y a las que cubriré con unas fundas artesanales de neopreno que ya he encargado.

2.Cuidadito con el sudor.
El primer día de la prueba, subiendo a Pedrafita do Cebreiro, por miedo a pasar frío, cometí el error de ponerme una chaqueta encima de la camiseta de manga larga cuando la temperatura rondaba los 0 ºC, a las 9 de la mañana. La sensación era placentera ya que también había niebla. Pero al subir las primeras rampas, me noté incómodo sin saber a ciencia cierta por qué, hasta que, al final, me quite la chaqueta y comprobé que estaba totalmente empapada de sudor. El exceso de temperatura corporal ocasionado por llevar una prenda de más, había provocado algo que ningún organismo bien adaptado se puede permitir en un medio hostil: derrochar agua y energía. Si el medio en cuestión es además muy frío, el agua, tras la congelación, puede provocar daños irreparables. “Así que ya sabes, Jesús; ropa, la justa, aunque con ello tengas que pasar algo frío”.

3.Lento, pero seguro.
Los cambios fuertes de ritmo provocan picos en el esfuerzo muscular que posiblemente ocasionarán lesiones o caídas posteriores del rendimiento. La técnica consiste pues en pedalear muchas horas al día a una velocidad con la que salgan las cuentas aunque esté por debajo de la capacidad máxima de trabajo. Si se pierde algún día por mal tiempo o por las características especificas del relieve, habrá que forzar la máquina para recuperar. Os recuerdo que mi reto consiste en sobrepasar los 72.5 Km de media por jornada, sobre terreno virgen helado y cargando con todo lo que necesito para vivir, menos el agua, que se obtendrá derritiendo nieve o hielo.

4.La rodilla, por ahora, bien.

miércoles, 7 de febrero de 2007

6 de febrero de 2007


Seguiré buscando la belleza mientras me queden fuerzas, igual que lo hace el poeta, el fotógrafo, el pintor, el artesano, un simple caminante... o el cantante que se expresa con el corazón sin importarle que se venda o no su canción.

Delmi:

Hoy he vuelto a recibir correo tuyo y, por lo que veo, aún te preocupa el hecho de que no se pueda realizar el documental. A mí eso me da igual. Prefiero que me apoyes de otra manera que te exigirá un menor esfuerzo físico y económico. Pero antes de decirte cómo, sí te comento que me gustaría que publicásemos algo juntos en un futuro no muy lejano, si es posible, claro está. Me explico.
He iniciado este blog con la intención de autodisciplinarme y escribir algo todos los días, algo que, una vez recopilado, pueda constituir el germen de lo que sería mi primer libro. Nunca he escrito nada sobre las aventuras exceptuando artículos sueltos en prensa o trabajos de tipo médico.
Tú, que tienes bastante más olfato que yo para todas estas cosas, ya me dirás si voy por buen camino o debo madurar aún más; ya me dirás si esto tiene algún interés y sentido, o desprende alguna de esas fragancias que deambulan por los bosques y los campos, por las riberas de los ríos, por las arenas descubiertas tras las mareas.
Preguntarás cuál es tu papel. Creo que podrías ilustrar de forma paralela mi odisea, pero no con imágenes necesariamente denotativas de la actividad deportiva. Personalmente me gustaría que en el trabajo no apareciera ninguna imagen mía ni de mi bicicleta, pero que fueras capaz de capturar en tus fotos el aura de los sueños que han tenido en la historia miles de aventureros. De esta manera, el lector podría vivir su particular aventura blanca, pedalear sobre las llanuras heladas y dar rienda suelta a su imaginación y, de paso, no lo encarcelaríamos detrás de los gruesos barrotes de la realidad. Por supuesto que para ilustrar el trabajo no hace falta tener fotos de Finlandia, aunque tampoco estaría de más. También podrían valer unos simples pero ágiles dibujos de quien previamente hubiera leído la obra.
Volvemos al principio. La mejor manera que tienes de ayudarme, si realmente lo deseas, es hacer lo siguiente desde el caliente salón de tu casa o desde cualquier otra parte:

Recibir mi llamada nocturna a eso de las diez,
cuando también hablaré con mi mujer.
Contestar a las preguntas que te haré
sobre el estado de la nieve o del hielo.
Permitir que me queje tras un día de trabajo duro.
O que me alegre porque en la jornada todo ha salido bien.

Aproximadamente a esa hora, una vez que hayamos colgado el teléfono, me quedaré instantáneamente dormido bajo los efectos del rico calorcillo atrapado en el interior de mi saco de dormir, mientras afuera ruge el viento o la gruesa capa de hielo al dilatarse.

martes, 6 de febrero de 2007

5 de febrero de 2007


Llueve sobre todas las cosas, pero solamente nosotros, los humanos, nos preocupamos de forma extrema por una cosa tan natural. Y todo porque venimos desnudos al mundo, sin otra protección que cuatro pelos cortos y dispersos que ni siquiera logran darle a las células epiteliales algo de sombra en gran parte del cuerpo.
Físicamente somos más débiles que una simple hoja de una lechuga debido a que nuestro cerebro a evolucionado; bueno, esto me parece mucho decir si por evolucionar entendemos algo más que un simple proceso de cambios, si entendemos la evolución como un proceso en el que se han dado modificaciones positivas desde un punto de vista social, económico, etc.
Todo el mundo alardea -incluidas las instituciones que velan por nuestra salud física y mental- de que el hidrógeno, la democracia, Internet y las modernas telecomunicaciones son la panacea del nuevo siglo, el remedio definitivo para un sinfín de nuevas y antiguas enfermedades que venimos padeciendo desde hace ya no sé cuánto tiempo.
Hubo incluso alguien que se le ocurrió diseñar un teléfono móvil con cargador manual incorporado “muy útil” en los países pobres; vamos, el colmo de la tecnología aplicada a la miseria. Algo parecido a la rastrera política tabaquera. “Primero que se enganchen bien que después ya se encargaran de trabajar como negros que son”.
Todos somos esclavos de las nuevas tecnologías. Pero eso sí, esclavos de categoría, no rameras ni vulgares remeros. Y si creen que no es así, comparen el salario mínimo, que mucha gente aún no percibe, con las “supereconómicas” tarifas planas.
El caso es que son ellos mismos los que usan los términos que mejor definen nuestro atraso mental: estar “conectado”; tarifa “plana” o recibo “plano”; como el encefalograma de nuestro cerebro; entrar en la “red”, de la cual ya nunca podremos volver a salir, etc.
No os lo toméis muy en serio, pues hoy no he tenido un buen día.

lunes, 5 de febrero de 2007

4 de febrero de 2007

No sé si podré continuar con esto.
La historia comenzó muy bien, nadie puso condiciones, ni sonrisas forzadas, no hubo firmas, ni mentirosos apretones de manos de esos que se dan en los despachos. Por eso me gustó cómo comenzó nuestra relación. Me estoy refiriendo a la actitud que Delmi ha tenido conmigo desde un principio.
Pero el espíritu con el que se inició nuestro proyecto ha estado a punto de marchitarse por culpa de lo de siempre, maldita sea. Menos mal que, al final, siempre perdura, como un trino, lo que es verdadero, sentido y sincero.
Días antes de iniciar “Sin repostar 2006” –1002 Km caminando en absoluta autonomía cargando con todo el equipo, el agua y la comida- una entrevistadora de una cadena de televisión me dijo mientras tomábamos un café en el bar: “Jesús, si le preguntáramos a la gente qué piensa de ti, el 90 % diría que estas medio barrenado”.
Esta muchacha no debe pasar mucho de los treinta, pero mi querida abuela, en paz descanse, una de mis mejores amigas, con la que tantos buenos ratos he pasado de niño; mi querida abuela, que tenía unos 70 años hace ya más de 20 años... ¡qué joven era mi querida abuela! Yo le contaba que me gustaría ir caminando hasta los montes de O Caurel para descubrir qué había detrás, y ella lo comprendía; lo entendía hace mas de 20 años con 70 años... y esta pobre muchacha, no comprende nada, por eso me preguntó también de donde sacaba el dinero para viajar, a lo cual le contesté que a mí me daba igual dormir sobre las ramas de un árbol o sobre un témpano de hielo y que por eso podía pasar de las sábanas de un confortable hotel.
Me vino a decir, aunque con otras palabras, que hacía bien el payaso y que estaban conmigo porque el circo había desaparecido y que con algo había que sustituirlo. “Da igual que esté barrenado y un poco trastornado, lo importante es que vende bien por ser un bicho raro”, pensarían.
Si no fuera porque Delmi al final no me defraudó, hubiera tirado la toalla, como también estuve a punto de hacerlo en las pistas de atletismo de Lugo, cuando una cadena de televisión me metió en antena sin previo aviso y se mofó de mí y de mi maltrecho e inflamado tobillo.

jueves, 1 de febrero de 2007

27 de enero de 2007

Mis mayores dudas surgen en torno al estado de la nieve. Según en qué condiciones se encuentre, la travesía podría ser un total fracaso. Me estoy refiriendo al hipotético caso de verme frenado ante una capa de nieve polvo de 20 o más centímetros cubierta con una corteza delgada de nieve helada; frenado y aprisionado por los bordes de mis propios surcos y mi desdichado destino; doblemente derrotado al encontrarme solo. Para evitar esta situación, he elegido marzo, uno de los meses con menores precipitaciones en la banquisa del Golfo de Botnia, la gran matriz europea donde, debido al cambio climático, se gesta una cría cada vez más débil, enfermiza, frágil, delgada y quebradiza.. Una cría engendrada por el frío cada vez más tarde y condenada a muerte cada vez más pronto; un ser que nace, vive y muere, en su propio seno materno, a diferencia del hielo abortado impetuosamente hacia el mar por los caudalosos ríos. Pero marzo puede salir también “rana” por diversas razones. Podrían darse mínimas nocturnas de –30 º C con lo cual sería prácticamente imposible, al no llevar tienda, salir del saco de dormir a las 5 de la madrugada para preparar el desayuno, colocar todo en la bicicleta y ponerme en marcha. O al revés, en marzo también podría ponerse a llover como ya lo hizo en Vaasa en 2004, adelantándose con ello el deshielo.


28 de enero de 2007

Mañana compraré en Lugo una bicicleta nueva, la que llevaré a Finlandia. Debo rodarla un poco para que ceda la cadena y los cables –cambio y frenos- y se pueda ajustar todo definitivamente. Es una BTT de mujer muy sencilla con suspensión mecánica delantera y sillín de gel y muelles que hará las veces de la suspensión en la zona de tracción (esperemos no me “traicione”, pues no llevaré cubierta de repuesto). La rueda trasera irá equipada con una Nokian finlandesa de clavos y la delantera con un esquí de “quita y pon”. Cuando digo “de mujer” me refiero a una bicicleta cuya barra superior del cuadro está situada en una posición más baja para facilitar las constantes paradas que tendré que realizar debido a las irregularidades del terreno o a los peligrosos agujeros negros provocados por el deshielo.

Mañana también me toca dentista. Todo aventurero sabe que con las “cosas que sirven para poder comer” no se juega, porque una cosa es la aventura y otra muy distinta soportar un dolor atroz de muelas mientras se intenta conciliar el sueño, sin tienda de campaña, a –20 º C y habiendo experimentado previamente en una casa de madera los benefactores efectos del fuego de chimenea. Por cierto, una vivienda unifamiliar puede calentarse con las podas y los restos vegetales de un bosque muy pequeño, sin necesidad de cortar árboles por el pie ni quemar combustibles fósiles.

Mañana, ahora que recuerdo, también tengo entrevista con José Ramón Meilán Devesa, mi fisioterapeuta, mi cómplice de aventuras y mi mejor amigo, una persona bien situada social y económicamente que, en cambio, no sentía náusea ni reparo alguno comiendo en un “restaurante” tanzano, lo cual indicaba su buen apetito, pero también su gran sencillez y su respeto hacia aquella cultura. Yo, en cambio, estuve a punto de echarle los jugos biliares sobre el contenido de su plato. En fin, él ha sido el artífice principal de que yo llegase la cumbre del Kilimanjaro con –12 ºC ataviado únicamente con un gorrito, unas zapatillas y un pantalón corto.

Mañana explicaré qué sentí cuando estaba a punto de alcanzar la cima en esas condiciones, pero no comentaré nada de lo acaecido en el dentista.


29 de enero de 2007

Antes de explicar qué sentía a pocos metros de la cumbre del coloso africano debo referirme a un error gravísimo cometido aproximadamente a las 6 de la mañana, cuando aún no había salido el sol y debíamos estar a unos –12 º C en Kibo Hut, refugio del que partí prácticamente desnudo hacia la cumbre, animado únicamente por la presencia del fisioterapeuta José Ramón Meilán, mi compañero.

Mis tiempos de ascensión en las etapas previas estaban siendo muy buenos, algo por otra parte necesario si consideramos que la única manera de no entrar en hipotermia consistía en ascender rápido. Sin embargo, no fui capaz de realizar un cálculo acertado del tiempo que me llevaría alcanzar la cima desde el refugio, quizás porque soy muy pesimista, tengo miedo, no conozco aún mis capacidades, o las infravaloro, que es mucho peor.

Contando que un montañero de tipo medio parte a las 12 de la madrugada del refugio, pensé que a mí me sería suficiente con salir cinco o seis horas más tarde, previsión que resultó ser desacertada tras alcanzar la cumbre en tan solo dos horas y media aproximadamente. Vamos, que si hubiera partido a las 10 horas, de día y con los benefactores rayos del sol, habría evitado la sensación térmica más brutal experimentada en toda mi vida, momentos antes de la salida de la cálida esfera. Hay que tener en cuenta que las sensaciones térmicas experimentadas por el ser humano se miden con vestimenta.

A lo que íbamos. Una vez alcanzado Gillman´s Point, donde mucha gente se rinde y tira la toalla acosada por el cansancio y el mal agudo de montaña, me di cuenta, al ver la cima colgada en el borde interior del cráter, que ya nada ni nadie me pararía. El frío en la umbría era cada vez mayor y el viento comenzó a levantarse una vez que alcancé de nuevo la cresta. Y fue en ese justo momento, a unos 500 metros lineales de la cima, cuando se produjo el milagro.

Aumenté de forma espectacular la marcha y fui adelantando uno a uno a un buen número de montañeros que habían salido del refugio seis horas antes que yo, equipados todos ellos con botas dobles de plástico –yo con unas simples “Chirucas” -, con las tres capas reglamentarias de ropa y con grandes manoplas. Y al adelantarlos lloraba de felicidad porque me daba cuenta que era muy fuerte, ya que me sobraba incluso el gorrito y el pantalón corto, la única ropa que llevaba puesta. Pero no lloraba de felicidad por ser físicamente superior a ellos, no. Lloraba porque aquel día fui el elegido –no sé por quién- para descubrir la belleza, y la belleza es muy bella, pero a la vez muy triste, porque te recuerda constantemente que llegará la vejez, el olvido y la muerte.


30 de enero de 2007

Cabreo monumental.
La tercera bicicleta que intento adaptar para la travesía polar, resulta que no acepta el portabultos trasero que tanto tiempo me ha robado estos últimos días y que, por cierto, también es el tercero que diseño. El primer maletero construido pesaba demasiado; el segundo, ya de aluminio, era ligero, pero no me ofrecía demasiadas garantías teniendo en cuenta que la bici va a andar a saltos constantemente sobre las grietas y las crestas del hielo. El tercero y definitivo tiene una buena relación peso-resistencia, pero... ¡mierda! es corto el muy... y no llega a la base del sillín. Al final lo he solucionado aumentando ligeramente la altura del centro de gravedad de la carga con respecto al suelo.

Más problemas

Ismael, de Fisioterapia Lugo, me ha dicho ayer que tengo una rodilla medio floja, por eso algunas veces se sale de su sitio al adoptar una mala postura en el suelo. Dice que no es grave, pero que, de vez en cuando, en la travesía, mire hacia atrás por si la pierdo en el camino. No es coña. En el caso de que eso ocurra, me recomienda que actúe con rapidez y diligencia para que no tenga que litigar con las alimañas que, supone habrá por esas latitudes. Poco después entra José Ramón en escena repitiendo lo de siempre, que “va sobrado” y que si pedaleé con una sola pierna en la “Roncesvalles” los últimos cien kilómetros también podré hacerlo en Finlandia. Lo que no va entre comillas me lo he inventado. Lo digo, JR, por si tienes varios minutos libres y te da por leer esta carallada.

Y sigue lloviendo sobre mojado.

Cuando llegué a la carnicería, allí estaban esperando los dos. Él con el aspirador y ella con el taladro y una especie de destornillador. “Tendrás que seguir tomando antibióticos hasta que baje la inflamación del nervio”.


31 de enero de 2007

Pocas veces en mi vida me había quedado dormido de una forma tan placentera. Había acordado con mi esposa que la llamaría todos los días a eso de las 20 horas pero, tras una jornada extenuante tirando de la pulka sobre el hielo del lago Inari, me quedaba inconsciente a los escasos minutos de meterme en el saco y entrar en calor. Era como estar en el cielo. Algunas veces despertaba y recordaba que debía hacer la llamada. Otras noches no.

En medio de la gran soledad, encajonado en un hueco en la nieve formado en la isla Ukonkivi, tuve un sueño.
Convertido en una foca, hacía rato ya que había agotado mis reservas de oxígeno almacenado en la hemoglobina y sabía que, tarde o temprano, debería salir a respirar. Pero el gran oso blanco, una hembra con dos cachorros, estaba arriba esperando, plenamente convencida de que no había otro respiradero en un kilómetro a la redonda. Busqué desesperadamente otro punto de luz pero no lo encontré y, a medida que pasaba el tiempo, la sensación de ahogo y opresión fueron en aumento. Luché desesperadamente hasta que por fin me rendí y me acerqué al pequeño respiradero por donde entraban los tenues rayos de luz. Fue entonces cuando noté un fuerte golpe en la frente producido, afortunadamente, solo por el hocico del hambriento mamífero. Después noté mucho frío en la cara y caí en la cuenta de que nosotros, los mamíferos marinos, aunque tenemos menos grasa en la cabeza que en el resto del cuerpo, nunca sentimos frío; y de eso deduje que yo no era foca, sino humano.

Desperté sofocado. Sobre la funda vivac, a la altura del pecho, una pesada masa de nieve no me dejaba ya casi respirar. Pero lo que más me molestaba era la pequeña herida que me había producido en la frente un pedazo romo de hielo que se había desprendido de la parte alta de la oquedad.


1 de febrero de 2007

Uno de estos días me preguntaba Delmi cómo me iba a apañar para vivaquear en Finlandia en pleno invierno y qué material usaría. Pues lo haré de la misma manera que en los años 2003 y 2004: cuevas en la nieve, iglús, vivacs sobre el hielo al raso, porches de cabañas, nidos en la nieve de los bosques, etc. En la travesía que pretendo afrontar hay, sin embargo, una novedad. Como no se va a disponer de tiempo para buscar un lugar apropiado para dormir o construir una protección, se empleará un cubretechos ligero de una tienda que irá sellado a la esterilla térmica. No llevará varillas y se usará como si de una simple bolsa se tratara, pero con cremallera. Las noches con temperaturas moderadas se dormirá al raso con la funda vivac y en el caso de que se pongan muy feas las cosas, habrá que introducirse también en la bolsa de emergencia para evitar que la nieve acabe en el interior del saco.
Así las cosas, por la noche, en caso de apuro, me protegeré con las siguientes capas: camiseta térmica de expedición, forro polar, chaqueta y saco de plumas, funda y bolsa vivac. La bolsa, dado su gran volumen, también se usará para comer si fuera necesario, aunque no para derretir nieve, ya que sería muy peligroso. Los inconvenientes del uso de esta técnica son evidentes: aunque dispone de una rejilla de ventilación, habrá más condensación, ruido producido por el viento, pérdidas de calor por estar en contacto con la funda vivac o molestias sobre la cabeza mientras se come o se prepara el saco para dormir. De todas formas, es la única protección compatible con una expedición ligera que no debe pasar de 15 kilos; atrapa gran cantidad de aire caliente y se puede prescindir de las varillas, un peso considerable.
Durante la aventura, no se cocinará. La técnica consiste en una dieta sólida y fría acompañada siempre de bebidas calientes: infusiones, café con leche, o pastillas de caldo diluidas. Con ello se evitará el engorroso fregoteo y podré hidratarme y alimentarme de forma aceptable dentro de la bolsa. Los mejores momentos del día se aprovecharán para fundir nieve y tener siempre el termo lleno, ello permitirá después pedalear hasta más tarde o incluso circular de noche. De los alimentos concretos que se emplearán en la expedición se hablará más adelante, pero lo que se busca fundamentalmente es una dieta de bajo peso, en torno a 600-700 gramos diarios, que aporte un mínimo de 4000 calorías totales, en torno a 600 por cada 100 gramos.


2 de febrero de 2007

Sólo faltan 29 días. Tengo el tiempo justo para organizar todo y realizar un par de salidas de dos días cada una. Como mínimo deberé rodar más de cien kilómetros diarios, a plena carga, y en terreno quebrado para comprobar cómo anda la rodilla. En la Roncesvalles- Santiago, donde provoqué una lesión en el rotuliano izquierdo, logré casi los 800 Km en 48 horas si se descuenta el tiempo perdido en dos averías. Pero la lesión pudo ser más grave, ya que tengo la costumbre de lanzarme a las aventuras sin meditarlas y prepararlas mucho mucho.
En 1999, sin nunca andar en bicicleta desde la adolescencia -entre otras razones por que no la tenía-, se me ocurrió iniciar entrenamientos de 200 Km diarios acompañado por mi mujer, que aprovechaba para hacer turismo y degustar la gastronomía allí donde parábamos a mediodía. El caso es que soporté bien la prueba y me marché a los Pirineos con una furgoneta, la bicicleta y dos fisioterapeutas de JR Meilán para turnarse, Germán y la que hoy es su mujer. Pero, como siempre, cometí el grave error de no informarme lo suficiente. La distancia entre el sillín y el eje de los pedales no era la adecuada y, a 100 Km de Santiago de Compostela, tuve que rodar con una sola pierna y no podía ponerme de pie en las subidas.
El objetivo de la prueba era llegar en menos de 48 horas y conseguir tantas donaciones de sangre en Galicia como kilómetros se lograran realizar. Yo apoyaba al Centro de Transfusión de Galicia y el Centro me apoyaba a mí. Al evento se unieron otras asociaciones de donantes de toda España, principalmente la Hermandad de Donantes de León, entidad que me agasajó al entrar en Sahagún de una forma que nunca olvidaré.
El detalle que tuvieron aquél día fue muy bonito, pero después, al enfriar física y emocionalmente, casi no pude continuar la marcha. Las emociones fuertes no son buenas durante las pruebas físicas extremas, ya que derrochan gran cantidad de energía, muy necesaria para mover la musculatura y mantener la concentración. Pero mereció la pena ya que se trató del recibimiento que nunca tuve en mi tierra.
A pocos kilómetros de Sahagún, en la provincia de León, empezaron a aparecer motos de gran cilindrada por todas partes, lo que me hizo pensar que se trataba de una concentración. Pero aquel gran avispero motero no era una simple cita colectiva, sino la escolta particular que me acompañaría hasta el centro de la ciudad, donde me esperaba la gente y las autoridades para hacerme un homenaje muy especial, siendo ésta otra de las causas que me impidieron llegar en el tiempo preestablecido a Santiago.
Ninguna de las potentes motos asomó un milímetro por delante de mi rueda delantera, porque ese día, al igual que ocurrió en la cima del Kilimanjaro años después, yo había sido el elegido, no sé por quien, para llorar de emoción y alegría como un niño. Como podéis comprobar, en esta vida hay pequeñas cosas que nadie jamás podrá comprar con maletines repletos de dinero.


3 de febrero de 2007

“Cuenta atrás o tiempo de soñar” es el esbozo de lo que podría convertirse en mi primer libro, algo a lo que siempre le he tenido mucho respeto y que algunos, en cambio, se toman casi a pitorreo porque saben que lo que mejor vende es, primero, el accidente, el secuestro o el calabozo y después mezclar con todo ese morbo, algo de teta.
Casi siempre he diseñado dos aventuras al mismo tiempo. Quiero decir con ello que antes o durante una actividad siempre he tenido cosas en la recámara para seguir soñando.
En el 2008 barajo varias posibilidades, pero las que tienen más probabilidades de llevarse a la práctica son dos largos y rápidos viajes que cruzan Europa de punta a punta: La Moscú-Finisterre pasando por Santiago de Compostela o la Cabo Norte-Finisterre, pasando también por la plaza do Obradoiro. Dos proyectos brutales si tenemos en cuenta que se deben realizar en menos de un mes empleando los siguientes medios de transporte: a pie, patinete, triciclo, bicicleta y kayak, sistemas todos ellos que no dañan el medio ambiente y combaten el cambio climático y la obesidad de la gente.
Con un poco de entrenamiento y apoyo externo, se podría lograr una media diaria de unos 150 Km, o incluso más: 60-80 a pie, 100-130 en patinete, 180-200 en triciclo y bicicleta y 70-80 Km en kayak. Todas estas medias están superadas ampliamente en pruebas de corta duración y algunas de ellas lastradas con todo el equipo, el agua y la comida.
En la Moscú-Finisterre se usaría el kayak en los canales y ríos centroeuropeos; y en la Cabo Norte-Finisterre, en el canal que separa Suecia de Dinamarca. Ambos proyectos serían la excusa perfecta para realizar un documental de varios capítulos en el que se plasmaran las costumbres, la cultura, la geografía y la problemática del medio ambiente de cada uno de los países visitados, todo ello adobado con imágenes de la actividad deportiva y los peculiares medios de transporte empleados en la misma.
Moscú también podría sustituirse por San Petersburgo y así visitar países “exóticos” y poco conocidos como Rusia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia y Chequia, antes de dirigirme hacia el sur de Alemania, Suiza, Francia, España y Galicia.
El único inconveniente de las tres rutas es el tráfico rodado. Por esta misma razón, tras la “Marcha de las cuatro catedrales”, de la que se hablará más adelante, decidí dar 200 vueltas a la muralla de Lugo por su adarve (450 kilómetros a pie en poco más de cuatro días) despreocupándome así de los coches, las motos y los camiones.