11 de febrero de 2007
Hoy me toca descansar, así que seré breve.
En el espeso bosque de miles y miles de piernas esbeltas de mujeres, casi no se veía el cielo y no funcionaban las brújulas ni los gepeeses; pero había mucha luz. En él pasé trescientos días deambulando sin rumbo fijo, pero nunca tuve calor ni frío, no pasé hambre ni sed, al caminar no me cansé y, por las noches, me quedé siempre plácidamente dormido, como un niño, sobre la hierba seca y fresca. En el bosque de piernas esbeltas de mujeres nunca tuve dolores, ni temores, ni pesadillas, ni miedo a los roedores al dormir desnudo. En el bosque había puentes fáciles para cruzar los ríos, liebres, lobos blancos, flores, frutos y muchos armiños.
Hoy me toca descansar, así que seré breve.
En el espeso bosque de miles y miles de piernas esbeltas de mujeres, casi no se veía el cielo y no funcionaban las brújulas ni los gepeeses; pero había mucha luz. En él pasé trescientos días deambulando sin rumbo fijo, pero nunca tuve calor ni frío, no pasé hambre ni sed, al caminar no me cansé y, por las noches, me quedé siempre plácidamente dormido, como un niño, sobre la hierba seca y fresca. En el bosque de piernas esbeltas de mujeres nunca tuve dolores, ni temores, ni pesadillas, ni miedo a los roedores al dormir desnudo. En el bosque había puentes fáciles para cruzar los ríos, liebres, lobos blancos, flores, frutos y muchos armiños.
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