13 de febrero de 2007
La noche era silenciosa, templada y clara.
Todos los lobos se habían sentado en el lugar acordado del bosque y esperararon a que la luna también ocupara exactamente su posición. Cuando ello ocurrió, el más sabio y viejo, dijo:
-De seguir así las cosas, pronto moriremos porque nuestras hembras no serán capaces de criar ni un solo lobezno. Cada año que pasa dan menos leche y algunas ya no entran ni siquiera en celo. Hasta hace poco aún encontrábamos alguna carroña, pero las modernas leyes de los humanos están poniendo en serio peligro el equilibrio natural. Piensan que los hornos son más eficaces que nosotros a la hora de reciclar los cadáveres y, lo único que están consiguiendo, es que nuestras víctimas sean de nuevo las ganaderías y los animales domésticos. Nunca hasta ahora se había visto que las carroñeras se lanzaran a las ovejas. Son ilusos. Creen que los excesos no afectan al propio medio hasta que, casi de repente, nadan o se asan en el interior de sus casas. Solamente los humanos hipotecan su futuro derrochando proporcionalmente a su poder adquisitivo, mientras tararean sin disimulo:
Tengo un coche
con cuatro motores.
Uno sobra para andar.
Con otro se puede matar.
El tercero es para asfixiar
el futuro de mis hijos.
El cuarto para fardar
ante mi chulillo vecino.
Uno sobra para andar.
Los otros para
matar,
asfixiar,
fardar,
y asesinar
hielo, Ozono y osos.
Por más que lo intento, no puedo evitar caer de nuevo en la tentación de las historias utópicas creíbles, las ideas y las banderas. ¡Qué se le va a hacer!
La noche era silenciosa, templada y clara.
Todos los lobos se habían sentado en el lugar acordado del bosque y esperararon a que la luna también ocupara exactamente su posición. Cuando ello ocurrió, el más sabio y viejo, dijo:
-De seguir así las cosas, pronto moriremos porque nuestras hembras no serán capaces de criar ni un solo lobezno. Cada año que pasa dan menos leche y algunas ya no entran ni siquiera en celo. Hasta hace poco aún encontrábamos alguna carroña, pero las modernas leyes de los humanos están poniendo en serio peligro el equilibrio natural. Piensan que los hornos son más eficaces que nosotros a la hora de reciclar los cadáveres y, lo único que están consiguiendo, es que nuestras víctimas sean de nuevo las ganaderías y los animales domésticos. Nunca hasta ahora se había visto que las carroñeras se lanzaran a las ovejas. Son ilusos. Creen que los excesos no afectan al propio medio hasta que, casi de repente, nadan o se asan en el interior de sus casas. Solamente los humanos hipotecan su futuro derrochando proporcionalmente a su poder adquisitivo, mientras tararean sin disimulo:
Tengo un coche
con cuatro motores.
Uno sobra para andar.
Con otro se puede matar.
El tercero es para asfixiar
el futuro de mis hijos.
El cuarto para fardar
ante mi chulillo vecino.
Uno sobra para andar.
Los otros para
matar,
asfixiar,
fardar,
y asesinar
hielo, Ozono y osos.
Por más que lo intento, no puedo evitar caer de nuevo en la tentación de las historias utópicas creíbles, las ideas y las banderas. ¡Qué se le va a hacer!
No hay comentarios:
Publicar un comentario