6 de febrero de 2007
Seguiré buscando la belleza mientras me queden fuerzas, igual que lo hace el poeta, el fotógrafo, el pintor, el artesano, un simple caminante... o el cantante que se expresa con el corazón sin importarle que se venda o no su canción.
Delmi:
Hoy he vuelto a recibir correo tuyo y, por lo que veo, aún te preocupa el hecho de que no se pueda realizar el documental. A mí eso me da igual. Prefiero que me apoyes de otra manera que te exigirá un menor esfuerzo físico y económico. Pero antes de decirte cómo, sí te comento que me gustaría que publicásemos algo juntos en un futuro no muy lejano, si es posible, claro está. Me explico.
He iniciado este blog con la intención de autodisciplinarme y escribir algo todos los días, algo que, una vez recopilado, pueda constituir el germen de lo que sería mi primer libro. Nunca he escrito nada sobre las aventuras exceptuando artículos sueltos en prensa o trabajos de tipo médico.
Tú, que tienes bastante más olfato que yo para todas estas cosas, ya me dirás si voy por buen camino o debo madurar aún más; ya me dirás si esto tiene algún interés y sentido, o desprende alguna de esas fragancias que deambulan por los bosques y los campos, por las riberas de los ríos, por las arenas descubiertas tras las mareas.
Preguntarás cuál es tu papel. Creo que podrías ilustrar de forma paralela mi odisea, pero no con imágenes necesariamente denotativas de la actividad deportiva. Personalmente me gustaría que en el trabajo no apareciera ninguna imagen mía ni de mi bicicleta, pero que fueras capaz de capturar en tus fotos el aura de los sueños que han tenido en la historia miles de aventureros. De esta manera, el lector podría vivir su particular aventura blanca, pedalear sobre las llanuras heladas y dar rienda suelta a su imaginación y, de paso, no lo encarcelaríamos detrás de los gruesos barrotes de la realidad. Por supuesto que para ilustrar el trabajo no hace falta tener fotos de Finlandia, aunque tampoco estaría de más. También podrían valer unos simples pero ágiles dibujos de quien previamente hubiera leído la obra.
Volvemos al principio. La mejor manera que tienes de ayudarme, si realmente lo deseas, es hacer lo siguiente desde el caliente salón de tu casa o desde cualquier otra parte:
Recibir mi llamada nocturna a eso de las diez,
cuando también hablaré con mi mujer.
Contestar a las preguntas que te haré
sobre el estado de la nieve o del hielo.
Permitir que me queje tras un día de trabajo duro.
O que me alegre porque en la jornada todo ha salido bien.
Aproximadamente a esa hora, una vez que hayamos colgado el teléfono, me quedaré instantáneamente dormido bajo los efectos del rico calorcillo atrapado en el interior de mi saco de dormir, mientras afuera ruge el viento o la gruesa capa de hielo al dilatarse.
Seguiré buscando la belleza mientras me queden fuerzas, igual que lo hace el poeta, el fotógrafo, el pintor, el artesano, un simple caminante... o el cantante que se expresa con el corazón sin importarle que se venda o no su canción.
Delmi:
Hoy he vuelto a recibir correo tuyo y, por lo que veo, aún te preocupa el hecho de que no se pueda realizar el documental. A mí eso me da igual. Prefiero que me apoyes de otra manera que te exigirá un menor esfuerzo físico y económico. Pero antes de decirte cómo, sí te comento que me gustaría que publicásemos algo juntos en un futuro no muy lejano, si es posible, claro está. Me explico.
He iniciado este blog con la intención de autodisciplinarme y escribir algo todos los días, algo que, una vez recopilado, pueda constituir el germen de lo que sería mi primer libro. Nunca he escrito nada sobre las aventuras exceptuando artículos sueltos en prensa o trabajos de tipo médico.
Tú, que tienes bastante más olfato que yo para todas estas cosas, ya me dirás si voy por buen camino o debo madurar aún más; ya me dirás si esto tiene algún interés y sentido, o desprende alguna de esas fragancias que deambulan por los bosques y los campos, por las riberas de los ríos, por las arenas descubiertas tras las mareas.
Preguntarás cuál es tu papel. Creo que podrías ilustrar de forma paralela mi odisea, pero no con imágenes necesariamente denotativas de la actividad deportiva. Personalmente me gustaría que en el trabajo no apareciera ninguna imagen mía ni de mi bicicleta, pero que fueras capaz de capturar en tus fotos el aura de los sueños que han tenido en la historia miles de aventureros. De esta manera, el lector podría vivir su particular aventura blanca, pedalear sobre las llanuras heladas y dar rienda suelta a su imaginación y, de paso, no lo encarcelaríamos detrás de los gruesos barrotes de la realidad. Por supuesto que para ilustrar el trabajo no hace falta tener fotos de Finlandia, aunque tampoco estaría de más. También podrían valer unos simples pero ágiles dibujos de quien previamente hubiera leído la obra.
Volvemos al principio. La mejor manera que tienes de ayudarme, si realmente lo deseas, es hacer lo siguiente desde el caliente salón de tu casa o desde cualquier otra parte:
Recibir mi llamada nocturna a eso de las diez,
cuando también hablaré con mi mujer.
Contestar a las preguntas que te haré
sobre el estado de la nieve o del hielo.
Permitir que me queje tras un día de trabajo duro.
O que me alegre porque en la jornada todo ha salido bien.
Aproximadamente a esa hora, una vez que hayamos colgado el teléfono, me quedaré instantáneamente dormido bajo los efectos del rico calorcillo atrapado en el interior de mi saco de dormir, mientras afuera ruge el viento o la gruesa capa de hielo al dilatarse.
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