jueves, 8 de febrero de 2007

7 de febrero de 2007


El último entrenamiento ha sido duro: una media de 120 Km diarios con el 60 % de la carga que deberé mover en Finlandia y, además, subiendo y bajando los puertos de Pedrafita do Cebreiro y O Poio. He tomado buena nota y estas son algunas de las conclusiones más importantes extraídas en los dos días y medio que ha durado la prueba:

1.Mucho ojo con los pies.
Algunos ciclistas profesionales se quejan de que, incluso en pleno verano, bajando los puertos, no sienten los pies. Y ello se debe a que el movimiento que se realiza con el pedaleo, no produce el calor mínimo de confort, cosa que sí se da al caminar, pues los pies deben soportar todo el peso corporal.
¿Qué ocurrirá entonces en zonas polares, donde las temperaturas diurnas pueden descender incluso de los –40 º C? Se correrá riesgo grave de congelación, ya que el calzado caliente es siempre excesivamenete voluminoso e inadecuado para pedalear doce horas al día y, por lo tanto, no se podrá usar. No queda pues más remedio que adoptar una solución intermedia, sacrificando un poco la capacidad aislante del calzado, por una parte, y sus cualidades mecánicas por otra. He escogido unas Salomon bastante calientes que se usan para trabajar en las pistas de esquí (-20 ºC), de suela flexible y a las que cubriré con unas fundas artesanales de neopreno que ya he encargado.

2.Cuidadito con el sudor.
El primer día de la prueba, subiendo a Pedrafita do Cebreiro, por miedo a pasar frío, cometí el error de ponerme una chaqueta encima de la camiseta de manga larga cuando la temperatura rondaba los 0 ºC, a las 9 de la mañana. La sensación era placentera ya que también había niebla. Pero al subir las primeras rampas, me noté incómodo sin saber a ciencia cierta por qué, hasta que, al final, me quite la chaqueta y comprobé que estaba totalmente empapada de sudor. El exceso de temperatura corporal ocasionado por llevar una prenda de más, había provocado algo que ningún organismo bien adaptado se puede permitir en un medio hostil: derrochar agua y energía. Si el medio en cuestión es además muy frío, el agua, tras la congelación, puede provocar daños irreparables. “Así que ya sabes, Jesús; ropa, la justa, aunque con ello tengas que pasar algo frío”.

3.Lento, pero seguro.
Los cambios fuertes de ritmo provocan picos en el esfuerzo muscular que posiblemente ocasionarán lesiones o caídas posteriores del rendimiento. La técnica consiste pues en pedalear muchas horas al día a una velocidad con la que salgan las cuentas aunque esté por debajo de la capacidad máxima de trabajo. Si se pierde algún día por mal tiempo o por las características especificas del relieve, habrá que forzar la máquina para recuperar. Os recuerdo que mi reto consiste en sobrepasar los 72.5 Km de media por jornada, sobre terreno virgen helado y cargando con todo lo que necesito para vivir, menos el agua, que se obtendrá derritiendo nieve o hielo.

4.La rodilla, por ahora, bien.

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